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16 de enero de 2017

LA ESPERANZA DE UNA PATRIA PARA TODOS

Por Mario Sosa

Millones de guatemaltecas y guatemaltecos anhelamos una patria justa, segura, digna, soberana, etcétera, donde podamos vivir bien, a plenitud, con libertad, en armonía entre hermanos y con la madre tierra.

Estos deseos, no obstante, se enfrentan a un primer problema: situar nuestra esperanza en una fuerza divina, en un ser sobrenatural. Una patria así, como nos muestra la historia, no devendrá de alguna provisión divina. Solo será posible si recuperamos la confianza en el ser humano organizado y en la capacidad de este para construirlo. Más allá de la fe que se profese, construir patria depende, en primera instancia, de nuestra responsabilidad individual y colectiva para hacerlo posible. Es decir, de la justeza y de la coherencia práctica de nuestra fe, de nuestros ideales y principios.

Para lograr esa patria anhelada, además, hace falta un proyecto político alternativo. Pero ¿dónde situar lo alternativo? La mayoría lo sigue vinculando con el capitalismo. Es decir, con ese sistema que históricamente ha determinado que nuestro país sea atrasado, dependiente, expoliado, explotado, con pobreza creciente. Un sistema que nos lleva al exterminio de la madre tierra y, con ella, de nuestra especie. Con el capitalismo como marco interpretativo y de acción están estrechamente vinculados términos como empresarialidad, emprendimiento, competitividad, libre empresa, privatización, concesión, privilegios fiscales y corrupción, que hacen que esa ideología demuestre su éxito para garantizar alternativas de enriquecimiento y bienestar a muy pocos, a la vez que demuestra su absoluto fracaso para garantizar el buen vivir a las grandes mayorías no solo en Guatemala, sino en el mundo entero. Una ideología que seguirá encegueciendo nuestra búsqueda y que, en un contexto de propiedad privada, crédito, acceso a mercados, control político, seguridad, etcétera, monopolizados de forma compartida por el capital transnacional y local oligárquico, seguirá privándonos de los derechos más elementales a todos.

Sin duda, un reto está en repensar el proyecto político para Guatemala más allá de la clase dominante, del capital. En este sentido, una primera orientación está en buscarlo en el poscapitalismo. En todo caso, se trata de crear y construir un régimen económico, político y social que nos garantice un camino y un conjunto de condiciones de bienestar para la sociedad y la naturaleza. Es decir, habrá que pensar en un modelo económico y en un Estado que sean definidos y creados a partir de nuevos derroteros en todos los ámbitos de las relaciones humanas y con la madre tierra. Necesariamente, el camino y los medios deberán ser alternativos a los hegemónicos y dominantes, ya que estos nos mantienen como un país profundamente injusto, desigual y afincado en el expolio y la explotación.

Ello requerirá de sujetos individuales y colectivos capaces de crearlo, de convertirlo en un programa político y en una estrategia coherente, con la claridad y la capacidad teórica, ideológica y organizativa para disputarles el poder a quienes históricamente lo han detentado y han demostrado su incapacidad y carencia de voluntad para lograrlo, pues en ellos domina el interés propio de su clase social y un paradigma de sociedad que dé continuidad al statu quo mientras excluye a millones que se debaten en la explotación y la miseria, en la opresión y el racismo.

Una sociedad alternativa, entonces, no es un asunto de falsas esperanzas, de reproducción de ideologías e intereses contrarios al interés común. Tampoco se trata de continuar entregando nuestro poder, hoy enceguecido y desarticulado, a quienes reproducen todos los mecanismos y dispositivos del régimen actual.

Patria, entendida como una sociedad alternativa y de todos, será posible solo cuando asumamos la responsabilidad práctica de organizarnos, de asumir una teoría coherente, de gestar el proyecto y la estrategia revolucionaria que nos permitan luchar y construirla teniendo como principio el bien común.


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