27 de diciembre de 2013

SALARIO DE HAMBRE DECRETÓ EL GOBIERNO DE GUATEMALA

Por Mario Sosa

Ayer fue dado a conocer la decisión del gobierno de aumentar el 5% del salario mínimo a la clase trabajadora más explotada. 

Esta decisión, como sabemos, forma parte de una política a través de la cual, quienes gobiernan, esconden la condenable explotación y sobreexplotación que sufre la clase trabajadora en el campo y la ciudad.  Eso es así cuando buena parte de los trabajadores no llegan a recibir ni siquiera el salario mínimo, siendo que los capitalistas implementan argucias como el pago a destajo, haciendo que los trabajadores y trabajadoras trabajen más de 8 horas para poder alcanzar un ingreso magro, que como sucede en las fincas, agronegocios y en negocios como los outsourcing (tercerización), en los cuales  además se obliga a trabajar en días festivos y sin el pago correspondiente por horas extras. Esto es aun más cruel en el caso de las trabajadoras y trabajadores de casa particular, y en el caso de miles de trabajadores que son condenados al trabajo temporal o de tiempo parcial, en los cuales se les niega toda prestación laboral.

En el 2014, quienes logren que les sea pagado el salario mínimo, ahora recibirán Q2 mil 530.34 al mes en el caso de los trabajadores agrícolas y no agrícolas, y Q2 mil 346.06 al mes quienes trabajan en la exportación y maquila.  Estos salarios provocan fundamentalmente indignación, siendo que no llegan a alcanzar siquiera la mitad del ingreso para garantizar la canasta básica vital, que para diciembre de este año alcanzará los Q5 mil 300 aproximadamente; es decir, aun faltarían Q2 mil 770  o más para que el salario tuviera una compensación que pudiera llamarse digna y correspondiente al trabajo intelectual y físico que todo trabajador y trabajadora despliega en su labor.

Mientras esto sucede con la clase trabajadora, empezaremos a ver las noticias sobre las exorbitantes ganancias que perciben los bancos, las fábricas, las fincas y agro negocios, las constructoras, los grandes comercios, los medios de difusión masiva (mal llamados de comunicación), los negocios educativos, la maquilas de distinto tipo y las empresas que se esconden bajo este rubro para evadir impuestos.  Sectores que como se sabe tienen inversión de grupos corporativos, locales y transnacionales, los cuales crecen de forma permanente, constante y sonante, y a su paso van dejando un saldo histórico de explotación, desigualdad y  miseria de nuestro pueblo.

Vale decir que dicha decisión se dio con la crítica u oposición de la representación de los trabajadores y de los capitalistas en la Comisión Nacional del Salario.

En el caso de la representación laboral, se conocieron las legítimas exigencias para que el aumento fuera mayor.  Pero como ha sido la tónica año tras año, una exigencia que no asume la necesidad de movilizar a las y los trabajadores, no solamente para lograr un aumento mayor al salario mínimo, sino también un aumento generalizado de los salarios.  Esta actitud, debiera ser objeto de autocrítica en las organizaciones sindicales y de presión desde las y los trabajadores que estamos muy mal representados. Necesitamos una renovación de las estrategias y de la dirigencia sindical. En tanto, las trabajadoras y trabajadores, debemos asumir con identidad de clase, una participación más activa y protagónica, consecuente con nosotros mismos y combativa frente a la clase explotadora.

Con relación a la representación del capital, de los llamados empresarios, su posición ha sido desde siempre oponerse al aumento al salario mínimo. La eterna cantaleta de los empresarios y sus comparsas, es que el aumento al salario hace que se pierdan empleos, desestimula su creación, estimula el trabajo informal, desincentiva la inversión, la competitividad y mil y más mentiras con sello empresarial-capitalista. Y es que, claro está, la plusvalía la obtienen con la explotación hacia las y los trabajadores, y compiten en el mercado internacional a partir de los salarios de hambre que pagan a la clase trabajadora en Guatemala. Y todavía osan llamarse emprendedores.


Patética la decisión de subir el salario en 5%, cuando se necesitaba un 100% de aumento, como mínimo.