6 de agosto de 2010

Del llamado a votar por el menos peor ¡Vaya contradicciones!

Por Mario Sosa
En www.albedrio.org, 25 de octubre de 2007

Quienes han levantado su voz para llamar a votar en contra de Pérez y, explícita o implícitamente, a votar por Colom como el “menos peor”, nos presentan argumentos parciales y profundamente contradictorios con sus propios discursos.

En un artículo titulado Dos opciones electorales, una alternativa, publicado en la Revista Albedrio el 12 de septiembre, externé opinión sobre la segunda vuelta electoral, sobre las ofertas electorales y me pronuncié por el voto nulo, de tal manera que este artículo tendría como antecedente necesario el ya citado. Asimismo considero que aquellas personas que se posicionan por la abstención argumentada merecen todo mi respeto y defiendo su derecho a disentir con un sistema político y electoral que está cada vez más corroído y responde cada vez menos a la ciudadanía en general e, inclusive, a la democracia liberal representativa que formalmente rige en nuestro país.

Hago estas aclaraciones, porque me parece que quienes escribimos debemos asumir el compromiso de ser claros con nuestros lectores y no usar ningún subterfugio para promover nuestras preferencias electorales –las cuales son tan validas como las de cualquier ciudadano y debieran ser expuestas con franqueza- o pretender con falsos argumentos que votemos por un determinado candidato. Y digo esto debido a un conjunto de columnistas y organizaciones que, tanto en elPeriódico como en la Revista Albedrio, han levantado su voz para llamar a votar en contra de Pérez y votar, implícita o explícitamente, por el candidato que para ellos resultaría “el menos peor”, es decir por Colom.

Es evidente que dichos columnistas y organizaciones si sitúan en el antimilitarismo y en un sentimiento de rechazo fundamentado en contra de quienes, desde su posición de militares, participaron en el impulso de una estrategia contrainsurgente genocida, que conllevó el secuestro, asesinato, masacres, con su consabido luto y desestructuración de miles de familias guatemaltecas y la sociedad en su conjunto. Pero el rechazo que nos despierta la figura de Otto Pérez es una cuestión y otra es utilizar esta justificación y otro conjunto de argumentaciones que resultan parciales y contradictorias, particularmente cuando son utilizadas para promover el voto por Colom.

Veamos.

Con relación a los candidatos

Se aduce que Pérez “representaría la posibilidad de una dictadura militar de viejo cuño”. Más allá de asustar con el petate del muerto para inducir el voto por Colom, es necesario recordar que el poder utiliza el consenso y la represión para mantener su dominio y dependiendo de sus necesidades recurre a un componente como el principal y el otro como secundario. En el caso guatemalteco es el consenso, es decir lograr la aceptación y obediencia de los dominados, el principal componente del domino que desarrollan la clase dominante y el imperio; al mismo tiempo recurren a la represión eventual para controlar brotes de resistencia y lucha popular. Esta es la característica general de la dominación a través de la cual, desde los intereses locales e imperiales, se está garantizando el desarrollo de la modalidad actual de acumulación de capital y el control del poder político. En tal sentido y como los demuestra el resultado del proceso electoral 2007, el poder ha logrado constituir hasta el día de hoy, una ciudadanía que acepta el carácter del “contrato social”, por lo que las luchas populares e indígenas de resistencia, aunque importantes, no dejan de ser marginales y carentes de fuerza para hacer peligrar la dominación misma y los intereses de quienes dominan. A lo anterior se suma la inexistencia de una fuerza alternativa capaz de disputar el poder real en el país. La organización social y política alternativa se encuentra en un estado tal que fácilmente puede ser controlada con una combinación de acciones: captación de líderes, subvención, dotación de algunos recursos y represión a baja escala, tal y como lo han hecho los gobiernos del PAN, FRG y GANA. Así, recurrir a una dictadura es simplemente innecesario e inconveniente para mantener la explotación, expoliación y dominación. Además, la llamada “comunidad internacional” rechazaría un tipo de régimen de este tipo.

Es indudable, entonces, que aun cuando el PP y su presidenciable puedan ejercer un gobierno más represivo, esto no implica que UNE y su presidenciable vayan a prescindir de aplicar medidas de dominio, inclusive la violencia y el terror estatal, especialmente si se piensa en la probable agudización de la crisis social permanente y el consiguiente aumento de la protesta social que genera. Esto nos enfrentaría eso sí, a la necesidad de aumentar la denuncia y lucha política contra cualquiera de las opciones que gane la segunda vuelta.

Se aduce que Pérez Molina “representa la política de terror” , lo cual es aceptable al tomar en cuenta informaciones periodísticas que lo vinculan al asesinato de Monseñor Gerardi y del comandante Efraín Bámaca. De tal manera que esto hace del candidato presidencial del PP, un militar vinculado no sólo a la contrainsurgencia, sino también a asesinatos de tipo político después de la terminación del enfrentamiento armado interno. No obstante, este se constituye en un argumento para ubicar en un polo opuesto a Colom, sin considerar que en su círculo de poder dado a conocer por elPeriódico, también gobernaría bajo la vota de la casta militar y de ex militares como Ortega Menaldo, que representan no solamente del terror militar sino también –como lo han denunciado investigaciones periodísticas y de organizaciones como Wola- el vínculo directo con el crimen organizado. Por cierto, ninguno de los dos partidos y candidatos ha desmentido el reporte de elPeriódico relativo a los círculos de poder que los rodean y financian. En estas circunstancias, tales columnistas y organizaciones de todos modos nos llaman a votar por el menos peor.

Se acepta que tanto Colom, como Pérez, y sus partidos, estuvieron de acuerdo con el TLC impuesto por Estados Unidos. Asimismo se acepta que “Es indudable que Guatemala bajo la presidencia de cualquiera de los dos candidatos seguirá siendo un aliado estrecho e incondicional de los Estados Unidos.” , y en todo caso se nos llama a votar por el menos peor.

Se acepta que “No se puede esperar de ninguno de los dos candidatos una defensa real de nuestros recursos naturales y de nuestros emigrantes. Y nadie se hace ilusiones de que la pobreza y la inseguridad vayan a ser adecuadamente enfrentadas ni por Colom ni por Pérez.” Y se agrega “ambos partidos, UNE y el Patriota, fracasaron miserablemente en responder a las necesidades de los guatemaltecos y guatemaltecas en el extranjero durante los pasados cuatro años. Ni Colom ni Pérez proporcionaron el liderazgo necesario en sus partidos cuando nosotros necesitábamos apoyo para obtener el TPS en los Estados Unidos, luego de que el Huracán Stan golpeara el país en octubre de 2005, cuando exigimos el derecho al voto en el actual proceso electoral y cuando necesitábamos voces que apoyaran las movilizaciones de inmigrantes en los Estados Unidos en 2006.” No obstante, se nos llama a votar por el menos peor.

Con relación a los partidos en contienda

Quienes nos llaman explícita o implícitamente a votar por el menos peor, aceptan que ambos partidos albergan a personas vinculadas con violaciones a derechos humanos, corrupción y crimen organizado; que en ambos existen ex oficiales de alto rango del represivo ejército guatemalteco, que ambos partidos son protagonistas de campaña negra. Y de todos modos se llama a votar por el menos peor.

Se aduce que en el partido de la UNE “se distinguen sectores progresistas y social demócratas, aunque existen, en mayor número, grupos de derecha y del centro… y que habrá más oídos prestos a escuchar quejas” , por lo cual se llama a votar por el menos peor, olvidando que también en el PAN, FRG, GANA e, inclusive en el Patriota, hubo y hay personajes que se autodefinen de izquierda, progresistas o socialdemócratas, y que fueron gobiernos que utilizaron también la represión, el terror y propugnaron por los intereses de la oligarquía, la burguesía en ascenso, las castas militares y los intereses foráneos.

También nos plantean que “la opción no tanto de votar ‘por' sino ‘en contra'… Y ante esta disyuntiva, el voto nulo, en blanco y la abstención, no constituyen opciones si se está votando para evitar que alguien alcance la Presidencia.” Esto es parcialmente cierto si entramos al juego de votar por el menor peor, como se nos intenta inducir. Pero si nuestra perspectiva es la de ciudadanos críticos, que buscamos aportar a la construcción de un programa, una estrategia y una organización que cambie este país, el voto nulo se constituye en este momento en nuestra alternativa, para no seguir legitimando a ningún gobierno de derecha y seguir cavando nuestra propia tumba como izquierda.

Con relación a la democracia

Quienes se ubican en este llamado implícito o explícito a votar por Colom como el menos malo, nos dicen: “tenemos que redoblar nuestro llamado a acudir a las urnas, en defensa de la aún estrecha democracia de la que gozamos y en ruta de sostener nuestro esfuerzo por conseguir una democracia social y participativa” . ¡Vaya! ¿De qué democracia están hablando? ¿De qué esfuerzo están hablando? ¿Están hablando de sostener el esfuerzo por refuncionalizar esta caricatura de democracia, de la cual inclusive los liberales “progresistas” se retractan? Y cuando hablan de dictadura, por qué no hablan de la dictadura del capital, de esa dictadura que hace y hará uso de la fuerza, la militarización o inclusive de la dictadura militar para sostenerse.
Se aduce que desde 1954 hemos tenido sólo gobiernos de derecha, los cual nos habla que los columnistas y organizaciones objeto de este artículo, que llaman a votar por el menos peor, provienen de la centro izquierda y la izquierda. Como afirman o dejan entrever, saben que tanto el PP como la UNE representarían un gobierno de derecha, pero aún así nos llaman a votar por el menos peor, que es y será de derecha. Vaya contradicción y vaya qué expresiones de izquierda.

Recuperan acertadamente como “…los grandes ricos, la Embajada de los Estados Unidos y los militares, y ahora con la participación de capos del crimen organizado, nos han impuesto sus intereses minoritarios…” , y nos llaman a votar por el menos peor a sabiendas que ambos candidatos y partidos también representan intereses oligárquicos, transnacionales, de fracciones militares y de personas señaladas de integrar el crimen organizado.

Se acepta que ninguna de las dos opciones electorales nos sacará de “la ya endémica crisis social y económica, así como del más grosero estancamiento político” y nos llaman a votar por el menos peor.

Con relación al voto

Hablan de que “nuestro pueblo no ha tenido la posibilidad real de elegir” , lo cual es más claro en esta segunda vuelta, pero de todos modos nos llaman a votar por el menos peor.

Dicen entender el “desencanto que se tiene frente al sistema electoral guatemalteco, totalmente ineficaz para cambiar la dirección del Estado” y sin sumirlo nos llaman a votar por el menos peor.

Se habla que “emitir nuestro voto, sea por uno u otro de los candidatos… de todas formas estamos hipotecando nuestro futuro por cuatro años” , pero aun así se nos llama a ser antieconómicos y se nos convoca a votar por el menos peor.

Se afirma que “si las personas progresistas anulan sus votos, el candidato que gana es Pérez. Al tomar la opción de anular el voto, los izquierdistas y los demócratas estarían garantizando que el próximo presidente de Guatemala fuese Pérez.” Ahora resulta que será nuestra responsabilidad el resultado de un plebiscito en donde no tenemos la posibilidad de elegir, en donde sólo tenemos la posibilidad de votar.
Se nos plantea que “el voto nulo o en blanco no solo no contribuye, sino que permite que otros decidan por nosotros y que llegue al poder quien menos deseamos” , aunque este sea el que ellos asumen como el menos peor.

El extremo llega cuando se nos plantea que “Aunque pedimos a nuestros ciudadanos que voten por Colom, esta posición no significa que necesariamente vayamos a apoyar un gobierno dirigido por él” . ¡Vaya contradicción!

Un columnista, que implícitamente nos llama a votar por Colom, nos pregunta en un artículo mas reciente: ¿Cuántos, en el transcurso del tiempo, han dejado las banderas de la revolución tiradas? Dicha pregunta es simple, pero contundente, especialmente cuando nos la hacemos a nosotros mismos y se la hacemos a nuestras prácticas y discursos. Y es que l a práctica es y seguirá siendo criterio de verdad.

Lo cierto es que un conjunto de columnistas y organizaciones han levantado su voz para llamar a votar en contra de Pérez y, explícita o implícitamente, a votar por “el menos peor”: Colom. Dicho llamado me hace pensar en un esclavo a quien se le da la opción de elegir al menos peor de los esclavistas. ¡Vaya elección!
Como hemos visto, quienes han levantado su voz para llamar a votar en contra de Pérez y, explícita o implícitamente, a votar por Colom como el “menos peor”, nos presentan argumentos parciales y profundamente contradictorios con sus propios discursos.

Quienes como yo nos posicionamos con el voto nulo no estamos legitimado la vuelta al pasado. Nuestra posición se relaciona con rechazar no solamente ese pasado, sino con rechazar es presente que, como parte del escenario electoral, nos presenta al ángel y al demonio como diversión para que optemos por opciones que al final de cuentas representan los intereses de los círculos históricos de poder que rodean a los candidatos y sus partidos, esos que harán uso de la fuerza si les conviene.

Nuestra posición se relaciona con oponerse a los financistas monopólicos, oligárquicos, mafiosos y antipatrióticos, y a sus partidos y candidatos, a quienes en nada les importa usar la represión o dejar morir de hambre a ciudadanos que se encuentra en situación de pobreza o miseria.

Quienes nos posicionamos con el voto nulo no esquivamos la responsabilidad, tal y como más de alguno de los columnistas u organizaciones piensan. La entendemos de manera diferente y la ubicamos en nuestro deber ciudadano de no seguir legitimando lo establecido y en donde “votar por el menos peor” representa un autoengaño.

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