30 de julio de 2010

Régimen político. Un concepto necesario para la concepción del programa y la estrategia política

Mario Sosa
Guatemala, 19 de septiembre de 2007

En esta coyuntura política, donde fuerzas políticas nacidas de o ligadas a la burguesía se han impuesto en el proceso electoral, es necesario reflexionar sobre los asuntos fundamentales desde los cuales partir para lograr disminuir su hegemonía y mejorar la correlación de fuerzas para el impulso de las luchas dirigidas a transformar el sistema injusto que predomina en Guatemala. Uno de tales conceptos es el de régimen político, sin el cual es imposible: a) dilucidar hasta qué punto estamos siendo parte del mismo y, b) plantear una perspectiva estratégica para los cambios estructurales que el país necesita, para el proyecto político, y para la construcción de una contra hegemonía coherente con tal propósito. Esa es la intención de aportar una aproximación a dicha categoría, que en tanto herramienta teórico-política, sea útil en el imprescindible proceso por dilucidar el camino a seguir para reencauzar a la izquierda en general, para la toma del poder y para la realización de un programa revolucionario en Guatemala.

En el contexto guatemalteco es frecuente la confusión en torno a los conceptos de régimen político y sistema político, ambos cardinales de la ciencia política y de aquellas otras disciplinas que, como la antropología, la sociología y la psicología social, se interesan por lo político y la política; pero además, esenciales para concebir y desarrollar un programa y una estrategia política para transformar el statu quo. Esta confusión, debida a carencias teóricas, ideológicas y metodológicas, genera una aproximación cualitativamente diferenciada a problemáticas relativas a la ciudadanía, intermediación política, culturas políticas, construcción de sujetos políticos, movimientos sociales, partidos políticos, programa y estrategia política, entre otros. La confusión suele implicar que los científicos sociales, los analistas y los líderes políticos entienden el concepto de régimen político como sinónimo de sistema político o lo delimitan de manera estrecha (régimen autoritario, régimen dictatorial o régimen democrático), parcial (régimen político electoral) y de manera ahistórica (como simple descripción sincrónica de sus elementos y relaciones).

Para iniciar, tales problemáticas deben ser entendidas como procesos que requieren ser analizadas en su contexto condicionante, de corta y larga duración, en donde encuentran posibilidades y límites de desarrollo. En ese sentido, el concepto de sistema político refiere al conjunto de relaciones e interdependencias –mayoría de las cuales están jurídica y políticamente establecidas por el Estado—que se desarrollan en el ámbito de la sociedad civil y el Estado, entre los diversos entes o actores sociopolíticos que, a través de promover sus intereses y demandas, influyen o modifican en mayor o menor medida las decisiones, actúan en el marco y contribuyen a reproducir -no sin contradicciones-- el régimen político y, por consiguiente, el statu quo[i]. Es decir, el sistema político, como perspectiva de corta duración, es la organización particular que adquiere el régimen político en un momento determinado, en una sociedad determinada, y que efectivamente, constituye un regulador de las relaciones políticas que se desarrollan en torno a intereses económicos, políticos propiamente, sociales y culturales.

El régimen político, trascendiendo sus acepciones funcionalistas y estructuralistas, refiere al conjunto de condicionantes que expresados como instituciones, concepciones, valores, normas y prácticas regulan y estructuran las relaciones sociales en desarrollo, incluidas aquellas que se relacionan con el sistema político y entre las que sobresale la participación ciudadana, la lucha por el poder y su ejercicio. Relativo al capitalismo como perspectiva histórica, dicho régimen constituye el regulador que mantiene el régimen de acumulación de capital y el poder en quienes constituyen las clases y elites dominantes, las cuales --al mismo tiempo y como condición para su reproducción-- tienden a reproducir y profundizar las modalidades de acumulación.

Esta perspectiva se complementa con la definición de Lucio Levi, quien afirma que el régimen político es "el conjunto de instituciones que regulan la lucha por el poder y el ejercicio del poder y de los valores que animan la vida de tales instituciones... y condiciona el modo de formación de la voluntad política" (Levi, en Bobbio, 1997: 1363) y en la definición de O'Donnell, quien define como régimen "...los patrones, formales e informales, y explícitos e implícitos, que determinan los canales de acceso a las principales posiciones de gobierno, las características de los actores que son admitidos y excluidos de tal acceso, los recursos y las estrategias permitidas para lograrlo, y las instituciones a través de las cuales ese acceso ocurre y, una vez logrado, son tomadas las decisiones gubernamentales. (2004:5). En esta perspectiva, Levi agrega: "Las instituciones constituyen el cimiento y la estructura organizativa del poder político, que representa el poder y selecciona a la clase dirigente y asigna a los diversos actores su papel y sus relaciones (Levi, en Bobbio, 1997: 1363). Tales instituciones y patrones, no obstante las características que las hacen variar en contenido y forma, no pueden ser entendidos si no partimos de la esencia de la cual surgen y que se encuentra en el carácter histórico de la formación social objeto de nuestra atención.

Como perspectiva de larga duración, el régimen político se vincula al capitalismo. En este vínculo histórico, el régimen político materializa las relaciones estructuradas desde la economía y que se manifiestan en la política. Así, una de las instituciones que constituye un cimiento del régimen político es la propiedad privada, particularmente sobre los medios de producción (tierra, maquinaria, tecnología, capital financiero, etc.). Su posesión y las posibilidades que genera en tanto fuente y recurso de poder, constituye una condición fundamental para acceder, influir o dirigir el poder político y para darle forma y contenido al resto de instituciones, normas y procedimientos que integran el régimen político. Es desde las instituciones, y las leyes, donde quienes dan conducción al régimen político condicionan la lucha por el poder, el ejercicio del poder, los medios para la toma de decisiones políticas, los fines y objetivos que pueden ser perseguidos por gobernantes y gobernados, las ideas y valores predominantes con relación a la política y al poder, y las vías aceptadas para acceder y mantener, al mismo tiempo, la posesión sobre los medios de producción.

El ente que organiza directamente el poder político es el Estado. De hecho, en tanto conjunto de medios para lograr determinados objetivos, responde a quienes han tenido el poder y le han impreso un carácter determinado a partir de sus intereses e ideología. De tal manera que el Estado, se constituye en el instrumento de las clases o elites que han construido el régimen, el cual se orienta a mantener y garantizar la pervivencia del statu quo, que no es otra cosa que el interés económico, social, cultural y político de quienes se constituyen en la clase dominante local y los poderes externos que ejercen su dominio al interior de la nación en la cual está constituido. Es decir, el Estado ha sido el ente que reproduce las condiciones de desarrollo del proyecto de la clases sociales o elites dominantes y, por consiguiente, las condiciones que determinan o condicionan las posibilidades del ciudadano o de los sujetos oprimidos y subordinados para ser parte del poder, para ser representados o excluidos de éste, o para que predomine su carácter de simples consumidores o ejecutores de decisiones tomadas sin su conocimiento, consulta o decisión particular.

Resalta, en este sentido, la propiedad privada como la gran estructurante económica social y el Estado como el máximo estructurante político e ideológico, ambos factores íntimamente relacionados e influyéndose mutuamente en la reproducción de relaciones sociales y políticas correspondientes, en este caso, al capitalismo.

El régimen político se sustenta y al mismo tiempo contribuye a reproducir las condiciones económicas (como la tenencia y uso de la propiedad, su transmisión, etc.), sociales (la estructura social y las relaciones sociales de explotación, discriminación y racismo) y culturales (de acceso a conocimientos y medios de desarrollo, por ejemplo), que en conjunto son sustento para delimitar la ciudadanía, para condicionar la lucha por el poder, para darle una orientación al poder y para asignar un papel determinado al gobernante y a las distintas sujetos sociopolíticos que participan del mismo régimen.

Como parte de tales condiciones, el régimen político de un Estado no se comprende sin tomar en cuenta las instituciones y normas que lo articulan a otros Estados y poderes en el ámbito regional y mundial, los cuales condicionan las posibilidades y limitaciones del régimen político --y sus componentes fundamentales-- circunscrito a un Estado determinado.

El régimen político, entonces, establece los límites y posibilidades como marco en el cual gobernantes y ciudadanos pueden ser y hacer con relación a lo político. Esto es, con relación a sus relaciones, a sus oportunidades o limitaciones para acceder al poder, los recursos y fuentes de poder con los cuales cuentan o pueden utilizar, el tipo de decisiones de las cuales son sujetos u objetos, las políticas que pueden instituir. De tal manera condiciona el régimen político que, aún con sus diferencias, los sujetos sociopolíticos participantes del sistema político tienen un margen para diferenciar sus concepciones y prácticas (los polos opuestos de izquierda y derecha, por ejemplo), pero finalmente las deben situar en dirección compatible con su mantenimiento.

Así, para regímenes políticos en su forma de democracias representativas, el Estado como institución política máxima se funda en la aparente participación política, circunscrita esencialmente al ciudadano individualmente considerado, el cual tiene la posibilidad formal de acceder, periódicamente y a través del sufragio universal mediante voto secreto y “libre”, al ejercicio del poder. Esto, como formalidad que encuentra limitaciones para su realización, puede hacerlo de forma directa o de representantes electos a través del sistema de partidos políticos, donde se despliegan las fuerzas sociales y políticas organizadas o vinculadas a estos, en tanto constituyen los mecanismos e instituciones formales y establecidas jurídicamente para luchar por el poder del Estado.

Por último, no obstante el carácter determinante que pueda constituir el régimen político, es necesario observar que los ámbitos de la realidad, en procesos más concretos y particulares, pueden presentar una autonomía tal que generan reformas al mismo. En ese sentido, en el ámbito del sistema político pueden registrarse procesos de reforma que, a su vez, le imprimen modificaciones al régimen político. Así puede entenderse el tránsito de formas de gobierno autoritarias y militares a formas de gobierno democráticas liberales.

Esta perspectiva permite considerar en la coyuntura política un juego dialéctico en el cual la política puede adquirir autonomía en términos explicativos: a) dada por elites emergentes que, sin pretender cambiar en esencia el régimen económico, disputan el poder a elites tradicionalmente dominantes, o, b) dada por fuerzas políticas que propugnan por el cambio de régimen y, en determinadas condiciones, pueden lograr el desencadenamiento lento o rápido de tal cambio. En ambos casos, no obstante, estamos ante construcciones y procesos vinculados al régimen económico, social y político en su conjunto, los cuales pueden constituir contradicciones secundarias o antagónicas cuya resolución puede generar reformas o transformaciones del régimen.

De tal manera que, a medida que concretamos el análisis al sistema político --incluidas sus expresiones como manifestación de la lucha de clases en sentido amplio--, estos procesos adquieren autonomía al interior de su continuum particular, pero siempre en el marco del régimen político que --se reitera—debe ser situado como parte del modo de producción (capitalista) que se desarrolla en una formación social concreta (la guatemalteca).

[i] Por sistema político Bobbio define “…el conjunto de las interdependencias entre los diversos entes que contribuyen a desempeñar la función de mediación de los conflictos de cohesión del grupo y de defensa frente a los otros grupos…” (Bobbio, 1996:154)

BIBLIOGRAFÍA
1. Bobbio, Norberto. Estado, gobierno y sociedad: por una teoría general de la política”. FCE, México, 1996.
2. --------------------, et al. "Diccionario de Política". Editorial Siglo Veintiuno Editores. Décima edición en español. México. 1997.
3. Fung, Thalía y Carlos Cabrera. “Acercamiento a la complejidad del concepto ‘sistema político’”. En Revista Siglo XXI, No. XX, Agosto de 2002, Cuba.
4. Collignon Goribar, María Martha. “Formas emergentes de ciudadanía”. http://www.comminit.com/la/teoriasdecambio/lacth/lasld-254.html
5. Gramsci, Antonio. “Antología”. Siglo XXI Editores, México, 1970.
6. López de Laroche, Favio. "Aproximaciones al concepto de cultura política". En Politicanet, http://usuarios.lycos.es/politicasnet
7. O'Donnell, Guillermo. "Acerca del estado en América Latina contemporánea: diez tesis para su discusión". La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos. Contribuciones para el debate. Dirección para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. http://www.centroedelstein.org.br/acercadelestado.pdf
8. Ramos Muñoz, Belinda. Apuntes para el debate sobre ciudadanía. En elboletíndepolíticas. No. 1, mayo 2007, Universidad Rafael Landivar, Guatemala.
9. Sosa Velásquez, Mario Enrique. "Participación ciudadana para la democracia y el desarrollo". Jun Pop Tijonik, Guatemala, septiembre de 2005. Mimeo.
www.albedrio.org

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